26 abril, 2017 | Emociones, Gestión emocional |

Emociones: una guía interna para vivir

Las emociones te informan de cómo va tu vida, de si estás satisfaciendo tus metas y necesidades o las estás frustrando, de cómo marchan tus relaciones. Son señales para ti. Por ejemplo, la tristeza te dice que has perdido algo importante. La alegría que estás satisfaciendo tus necesidades o alcanzando tus metas.

Las emociones son señales para ti y también son señales para los demás. Si pones cara de enfado, este es un aviso para quienes te rodean de que quieres poner límites. Si sonríes, envías un mensaje de bienvenida al otro. La comunicación emocional, no verbal, transmite mucha más información que las palabras. Las emociones son clave para podernos relacionar con los demás.

Necesitamos ser conscientes de nuestras emociones y escucharlas. Darles permiso para informarnos de que está sucediendo en nuestras vidas y en nuestras relaciones.

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Cómo nos informan las emociones

Nuestras emociones realizan una primera evaluación de los sucesos desde el punto de vista de nuestro bienestar. Nos avisan de que algo pasa. Por ejemplo, voy conduciendo en mi coche y el coche empieza a hacer un ruido raro, me asusto. Ese miedo es cómo cuando un piloto rojo se enciende en el salpicadero del coche. ¿Qué función tiene el piloto rojo encendido? Avisarme de que el coche tiene un problema.

Y entonces, puedo involucrarme en un segundo nivel de evaluación, dónde ya entra en juego también mi mente racional. Paro el coche y miro a ver qué pasa. Y en función de esta segunda evaluación, decido si puedo continuar conduciendo hasta el taller o si necesito llamar a una grúa.

 “La evaluación del primer nivel no está disponible para el cerebro racional. Es una evaluación rápida, instantánea, instintiva. Esto es lo que nos aporta la emoción” (Leslie Greenberg). Oigo el ruido en el motor y me asusto, sin que haya habido todavía ningún pensamiento de por medio. La emoción de miedo me avisa de que hay un peligro. Y esto es útil para mi bienestar. Me ayuda a vivir, a adaptarme a las circunstancias. La emoción me dice dónde está el problema y me motiva para solucionarlo.

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El cerebro emocional a veces falla

Sin embargo, el cerebro emocional a veces falla. Sus evaluaciones son tan rápidas que a veces son imprecisas o están equivocadas. Por eso es bueno involucrarnos en ese segundo nivel de evaluación dónde ya intervine la mente analítica. Y luego dar nuestra respuesta al mensaje, expresar la herida descubierta o tomar acción para corregir la situación. El pensamiento puede poner la emoción en perspectiva, darle sentido y ayudarnos a poner remedio. Integrando corazón y razón, podremos dar una respuesta más sabia. En vez de reprimir la emoción o intentar “controlarla” hace falta que aprendamos a escucharla y gestionarla y, para ello, es necesario integrar pensamiento y emoción.

Necesitamos aprender a diferenciar cuando las emociones son saludables y contribuyen a crear una vida más plena y cuando no. Cuando una emoción es adaptativa y cuando no. Por ejemplo, el enfado frente a alguien que me agrede puede ser una emoción adaptativa, puede ayudarme a emitir el mensaje de que estoy dispuesto a poner límites. Una reacción exagerada de enfado frente a una situación presente, basada en una historia previa de maltrato no resuelta, es desadaptativa. No me ayuda a vivir mejor mi presente. Al contrario, me está dificultando vivir mi presente, que se ve condicionado por esa carga emocional no resuelta que viene del pasado.

Así que necesitamos discriminar entre emociones que son guías adaptativas para la acción y otras que no lo son. Como decía antes, el cerebro emocional a veces puede fallar. Al final del camino, a nuestra emoción le pasa igual que a nuestra razón, a veces, se equivoca. En nuestra cultura tendemos a creer que lo que pensamos es verdad, sin embargo, nuestros pensamientos son a veces mentirosillos… Nos montamos “películas” en nuestra cabeza, nos contamos historias que no son reales, tenemos creencias limitantes… Nuestro sistema cognitivo también falla a veces. Y del mismo modo que no todo pensamiento es necesariamente lógico, no todas las emociones son necesariamente sabias.

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¿Cómo nos liberamos?

Ahora que sabemos que los pensamientos son a veces mentirosillos y que las emociones a veces no son adaptativas, ¿qué hacer? ¿Cómo nos liberamos? Nos liberamos calmándonos, centrándonos, tomando la posición de testigo. Observando nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos. Y, luego, soltando… Soltando emociones y desidentificándonos del pensamiento que hemos detectado que no es verdad.

Y cuando entrenamos ese proceso, podemos empezar a darnos cuenta de que el verdadero origen de nuestras reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior, sino en nuestro interior.

La libertad del ser humano reside en ese espacio que se halla entre el estímulo y la respuesta

Dicho con otras palabras. El comportamiento que tenemos es la expresión de lo que pensamos y sentimos. Cada vez que recibimos un estímulo, damos una respuesta. Cada vez que recibimos un estímulo, se genera un proceso en nuestro interior que acaba manifestándose en un comportamiento, en una respuesta. Y esto a veces es un proceso consciente y a veces es un proceso inconsciente.

A veces tenemos respuestas automáticas (inconscientes) frente a determinados estímulos. Reaccionamos en vez de tomar acción. ¿Qué hacer entonces? Me pongo en equilibrio (me calmo, me centro). Y desde ese equilibrio, ya miro de otra manera (observo) y ya no reacciono automáticamente. Es como si llevara las gafas sucias, no veo. Si me las limpio, ya veo bien.

Viktor Frankl decía que “la libertad del ser humano reside en ese espacio que se halla entre el estímulo y la respuesta”. Cuando más corto sea ese espacio, más esclavos. Cuando más extendamos ese espacio, más libres. Es la diferencia entre un comportamiento reactivo y un comportamiento proactivo. Entre reaccionar al estímulo en forma automática (sin poner conciencia) y tomar acción (conscientemente). En el segundo caso, somos nosotros los que hacemos la elección consciente de comportarnos de una manera y no de otra. En el primer caso no, en el primer caso nos dejamos llevar por el automatismo.

Si la reacción que se produce en automático es buena para nosotros, nos ayuda a vivir en nuestro entorno (es una respuesta adaptativa), genial. Si la reacción que se produce en automático, es perjudicial, nos dificulta vivir en nuestro entorno, necesitaremos pararnos a poner consciencia y ver que está pasando ahí.

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

ana@unaoportunidadparacrecer.es

Referencias bibliográficas y de cursos: “Emociones. Una guía interna Leslie Greenberg. “El hombre en busca de sentido” Viktor Frankl. Cursos de gestión emocional impartidos por Ana F Luna

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