11 septiembre, 2017 | Aceptación, Transformación |

Transformarte. De la aceptación a la transformación.

“Aquello que rechazas, te somete. Lo que aceptas, te transforma” Esto decía el psiquiatra Carl Jung. “La aceptación es la puerta del cambio” dice el psicólogo americano Stephen Gilligan. La aceptación es clave para la salud mental y emocional y sin embargo no tiene buena prensa… Se asocia con resignación, con sumisión… Puede parecer una paradoja, pero la verdadera aceptación es un acto de autoafirmación y un acto potenciador.  Es la puerta que nos abre a la transformación. Curiosamente, los “sabios” están de acuerdo en esto. La filosofía, la espiritualidad oriental y occidental coinciden. Así nos lo narra de forma sencilla y magistral la filósofa española Mónica Cavallé en la conferencia cuyo vídeo incluyo al final de este artículo.

Cuenta Mónica que cuando era muy joven, adolescente, hacía por cambiar ciertos patrones de conducta en ella que no le gustaban y cuanto más intentaba cambiarlos, más se recrudecían. Hasta que un día decidió descansar en eso, dejar de intentar cambiarlo y, simplemente, aceptar las cosas tal y como eran. Y, entonces, se sorprendió de empezar a ver como los cambios empezaban a producirse por si solos, como ella empezaba a transformarse en la dirección deseada. Asumió esta paradoja y, a partir de entonces, hizo de la aceptación su forma de transformación personal.

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La aceptación que abre a la transformación

¿A alguien le resuena? A mí si. Yo también he experimentado el efecto transformador de la aceptación y lo sigo experimentando hoy. Cuando me atasco en algo, me es útil preguntarme ¿qué estoy rechazando ahora en mi vida? Así descubro que es lo que necesito trabajar. El problema siempre surge del rechazo a algo que está ocurriendo en mi vida, de decir “no” a la vida. Cuando consigo aceptarlo, me desbloqueo y empieza la transformación. Lo experimento conmigo y lo veo también en mis clientes.

Es como si voy en el coche y se enciende un piloto rojo en el salpicadero. No es agradable, pero si lo acepto, me paro y veo cómo solucionarlo. Llevo el coche al taller o voy a comprar aceite para reponer. Hago lo que se necesite. Sin embargo, si veo el piloto encendido en rojo, pero no le hago caso… Bah no será nada… Ahora no tengo tiempo para atender esto…. No tengo dinero para llevarlo al taller… No sé que hacer con esto… ¿Qué puede ocurrir? Puede ocurrir que el coche se pare, que no pueda seguir en marcha. Se rompió la junta de la culata… Simplemente, porque el motor se quedó sin aceite… Y como el coche ya tiene muchos años y resulta que esa reparación es de las caras… pues no compensa arreglarlo. Me quedé sin coche… Murió…

Y todo por no pararme a atender la llamada de la vida, por no decir que “si” a la vida…  Una lata de aceite cuesta 20 euros, más el tiempo de ir a comprarla y echarla en el coche = problema feliz y fácilmente resuelto. Realmente, ni siquiera es un problema, es una mera cuestión de mantenimiento. Lo que si genera un problema es decir “no” al piloto rojo y cargarse el coche, decir “no” a la vida. Sin embargo, decir “si” puede transformarnos y puede transmutar los problemas en soluciones o en meras cuestiones de mantenimiento. La aceptación del problema, y de la solución, es la puerta que nos abre a la transformación.

La reconciliación interior que te abre al cambio

Pero para que la aceptación nos transforme ha de ser aceptación verdadera. Hemos de ser honestos, sino no funciona. Y ser honestos pasa no solo por aceptar aquello que ocurre en nuestras vidas de corazón sino también por aceptar todas las partes que nos habitan… Aceptar nuestras luces y nuestras sombras, ambas.

Acepto que no se hacer esto, que me equivoqué… Y también acepto que sé hacer otras cosas y que otras veces acerté… Acepto que tengo limitaciones, pero también recursos. Sino no habría llegado hasta aquí…

Todos vivimos en la dualidad. Me gusta que veas mi parte alegre pero no me gusta que veas mi parte triste. Sin embargo, tengo una parte triste y una parte alegre. Tengo ambas a la vez. Además de otras muchas partes que me habitan… Aunque todos tendemos a rechazar nuestro “yo malo” y solo querer a nuestro “yo bueno”, quizá algún día podamos darnos cuenta de que esta es una falsa división y reconciliarnos con nosotros mismos. Sólo así podremos alcanzar la transformación.

Del conflicto entre opuestos a la armonía de los complementarios

Al fin y al cabo, ¿qué es más importante: estar activo o descansar? Ambas cosas son importantes. Parecen opuestos, pero en realidad son complementarios. Podemos estar activos porque descansamos. Necesitamos hacer ambas cosas. Tan vital e importante es lo uno como lo otro.

A veces una parte de nosotros tiene miedo a hacer algo nuevo, incluso un miedo que le paraliza. Y otra parte de nosotros se vuelve “loca” de ilusión por hacer ese algo nuevo. Si escuchamos a las dos partes, si aceptamos a ambas y les damos su espacio, quizá podamos sorprendernos de ver cómo el diálogo constructivo entre ambas transmuta el miedo en prudencia y la locura en audacia. Como ambas partes se equilibran entre si hasta formar un buen equipo… Porque prudencia y audacia son un buen equipo, se complementan. Imagina un equipo de baloncesto que combine la prudencia de proteger la propia canasta con la audacia de atacar la contraria. ¿Apostarías por él?

El problema viene cuando no aceptamos a esa parte de nosotros que nos disgusta, a ese supuesto “yo malo”. Cuando le respetamos y le escuchamos, aprendemos de él que quiere conseguir algo, que quiere cubrir una necesidad nuestra y podemos reconciliarnos más fácilmente con él y aprovechar todo su potencial. Como dice mi amigo y colega Luis Bueno “todo cambio empieza por una reconciliación interior”.

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Consulta y formación

 

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